Necedad para los que perecen
Al contrastar la necedad humana con la sabiduría divina, Pablo afirma que «la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden» (1 Cor. 1: 18, LBLA). Aquí la locura o necedad se refiérele a la falta de conocimiento de la verdad. (1 Co 1:22-24)
El rechazo a la verdad del mensaje mantiene en la ignorancia o necedad. Esta condición es perdición segura. El conocimiento de la verdad es lo que salva. (Jn 17:3) El que conoce la verdad la evidencia viviendo de ella. Por eso el cristiano tiene su forma de vida en las enseñanzas de la escritura y nadie tiene el derecho de criticarlo por la forma en que lo hace, ni negarle su derecho a creer y enseñar a otros tratando de desprestigiarlo y hacerlo quedar mal buscándole imperfecciones, porque esto es intolerancia y persecución que es pecado mortal para los que lo practican, pues perderán sus almas con plena seguridad. Así la necedad es rechazo e intolerancia y fanatismo que desemboca en persecución. Es no vivir de acuerdo con la predicación de la cruz.
Pablo tuvo que anunciar a un Mesías a quien satanás y sus seguidores del sanedrín habían crucificado para que nadie lo aceptara a un delincuente como cabeza de sus seguidores de iglesia. Se suponía que el Mesías debía derrocar a los romanos, no ser crucificado por ellos. Lo calcularon bien. Sin embargo, si se anunciaba a Jesús por medio de las profecías se vería otra imagen de él. Una exaltación jamás vista en los hombres. La necedad es resultado de la falta de conocimiento de las profecías y obviamente la vivencia correcta no se verá mientras no se cree. Esto dificultó mucho la predicación de Pablo y los falsos maestros contribuían a esta reacción. Los judíos no se guiaban por las profecías, por eso creían en un falso Mesías. Esto mismo sembraban en la gente y por eso se hacía difícil la predicación y exaltación de un crucificado.